29 marzo 2005

Las dos Españas

Antes del 13-M, no sabía muy bien si abstenerme. La segunda legislatura del PP estuvo plagada de errores de comunicación, y algunos, como el renunciar a la flexibilización del mercado laboral tras haber ganado la huelga me dejaron completamente perplejo.

No así la Guerra de Irak. Algunos dirán que los EEUU lo hacían por interés y que a nosotros no nos iba ni nos venía. Yo creo que sí nos iba. Nos iba estar con EEUU frente a nuestros socios europeos que miraron a otro lado en el conflicto de Perejil; nos iba estar con los adalides en la lucha contra el terrorismo para asfixiar como lo hemos hecho a ETA. Además personalmente desde la guerra del Golfo, creía que habíamos dejado las cosas inacabadas, y que se debió haber acabado con el asesino entonces. Defendí allí donde pude nuestra intervención. Sinceramente creía en ella. Eche de menos algo más de intervención directa en las acciones militares, porque creo que nuestras denostadas Fuerzas Armadas se habrían beneficiado de ello.

Otras cosas, como la concesión del monopolio a Polanco, me llenaron de indignación, y sin embargo estaba dispuesto a apoyar a Rajoy por la manipulación asquerosa que la izquierda hacía de los temas de la guerra, del Prestige, y del accidente del Yak.

Las encuestas daban la victoria a Rajoy, estaba en juego la mayoría absoluta. Había decidido volver a votarles después de todo, al fin y al cabo, tenía muy reciente el gobierno del PSOE anterior.

El 12-M vi clara la estrategia de la izquierda en torno al atentado. No puede volver a ganar la derecha. Se fue creyendo sus posibilidades según avanzada las investigaciones retransmitidas en tiempo real por parte de aquellos a los que después llamarían mentirosos. La izquierda se echó a la calle de forma coordinada y organizada por los medios y partidos de la izquierda el 13 de Marzo, la jornada de refexión. Acosó las sedes del partido del Gobierno, se inventó los terroristas suicidas, conocían cosas antes de que pasasen ... Todo valía con tal de que no ganase la derecha. No tenía derecho, "son los asesinos de García Lorca", decía un locutor en la radio del monopolio.

El 14-M, noche de alegría y regocijo para los terroristas. Habían conseguido su objetivo. ZP sería el nuevo presidente.

Lejos de haberme calmado un año después, las acciones del gobierno no han hecho si no aumentar mi intranquilidad de espíritu. El gobierno elegido por los terroristas anula todo el trabajo del gobierno anterior, se hace amigo de los dictadores del mundo, traiciona a nuestros socios en Irak dejando la imagen de España por los suelos. Soldados Españoles huyendo mientras nuestros ex-amigos los Polacos luchan por llevar la democracia a ese país ...

Medio País aplaude estas decisiones, el otro medio enmudece ante la locura.

Por supuesto, hubo que reescribir también la historia, hubo que quitar estatuas, hay que convertir monumentos a los caidos en la guerra en parques temáticos, hay que separar el archivo, destruir España, dividirla, politizar aún más la justicia.

En este tiempo he releido a Ricardo de la Cierva, me releo a Pío Moa en sus "Mitos de la Guerra Civil", me enamoro de Cesar Vidal, y por la mañana trato de hacer coincidir el atasco diario con Jiménez-Losantos. He buceado en webs sobre la guerra civil, he aprendido cómo Felix Schlayer, cónsul de Noruega, se acercó en el 36 a Paracuellos para vivir el horror de quien ahora se homenajea, escupo comentarios diarios en un blog como terapia de lo que he vivido, ...

En todo este proceso, los más engañados hemos sido los liberales, los de derechas, los fachas, los fascistas, los cristofascistas. Llamese como se quiera, yo creo en los valores de la Patria y de la Familia, y comulgo con muchos aquellos que ahora hemos dado en llamar "humanismo cristiano". En política económica soy liberal, porque me fijo en los que mejor lo hacen (EEUU), y creo que los gobiernos sociales son aquellos que crean el estado de bienestar, no necesariamente quienes gastan más en subvenciones, si no los que garantizan a medio y largo plazo la viabilidad económica de un País.

En plena orgía espiritual de la izquierda, me doy cuenta que no tiene sentido hablar de un "pacto" en la transición, sencillamente nunca existió. Nunca nos han considerado como iguales en un proceso democrático, si no como un mal menor con el que tenían que convivir. Se hicieron cruces cuando gano el PP las elecciones por mayoría absoluta en el 2000. ¡No teníamos derecho! Intentaron desligitimar la decisión de los españoles en la calle. No lo consigueron, las encuestan no iban bien y alguien organizó con éxito un atentado el 11-M para que el PP perdiese las elecciones.

Nunca ha habido una España unida, ha habido una España de izquierdas que tenía que aceptar a los herederos de Franco. Y ha existido siempre una superioridad moral en los primeros y un complejo absurdo en los segundos.

Quien sabe, cómo estaré de aquí a un año. A lo mejor terminan internándome en un psiquiátrico por defender la unidad de España, o en alguna checa por oponerme al aborto. Sea como sea, espero que mucha gente como Editor, como yo, espabile y deje de sentirse culpable por pensar de otra manera.

1 comentario:

Víctor dijo...

Amen!

Desde mi limitado ancho de banda de estos días (espero volver mañana con todos los bits de fuerza) rubrico tu texto de principio a fin.

Debemos estar tan orgullosos de nuestras ideas como esos ideales se merecen.
Salgamos ya del armario...algunos estamos en ello