30 septiembre 2005

de pastores y boinas (fábula partoril política)

En tiempos del rey Carolo hubo un grupo de habitantes de un aislado pueblo de la montaña, rodeadeo de pedregales, que solían usar boina mientras que otros lugareños utilizaban sombrero.
Los primeros, los de la boina, decidieron que por el tradicional uso de la boina se podían considerar más ciudadanos que los demás. Por eso votaron entre ellos, echando cantos en una boina, y aprobaron por mayoría que a partir de ese día serían más ciudadanos que cualquier otro pueblerino que no usara la boina.
Pensaron que la boina era una representación de la esencia de lo que dieron en llamar Nación, y por ello establecieron que el uso de la boina, además, les daba derecho a entrar en el bar y el colmado del pueblo y coger lo que quisieran.
A los pocos días el grupo de gente del pueblo que usaba chaleco de franela decidió que sus derechos históricos eran aun más profundos que los de las boinas, y, desde la más absoluta legitimidad histórica, decidió proclamar también su independencia. Como sus predecesores de la boina habían abierto el camino de las nacionalidades históricas, decidieron que los de la boina, a pesar de sus enormes diferecencias, podían ser considerados como una nacionalidad "hermana".
Así que decidieron, de mutuo acuerdo, que el culpable de la opresión anteriormente sufrida era el maestro del pueblo. Decidieron que el Maestro era un representante de la opresión contra ambas nacionalidades, al imponerles el conocimiento de extrañas fórmulas matemáticas, innecesarias para contar los escualidos rebaños del pueblo, y unas reglas de dicción totalmente diferentes a las que les gustaban en el pueblo. Además decidieron que el Maestro les debía abonar una cantidad de 10.000 reales en concepto de "deuda histórica".
Entre tonterias y reclamaciones la escuela cerró y el Maestro huyó del pueblo a la menor oportunidad, los campos secaron y las ovejas murieron. Pero los lugareños - boinos o chalecos - fueron felices los breves días que antecedieron la llegada del hambre primero, y la lucha armada entre boinos y chalecos despues.
Finalmente la peste y la muerte asolaron el pueblo. El único que aun recuerdó por un tiempo la existencia del pueblo fue el maestro, hasta que este murió. Hoy el pedregal ha recuperado el espacio antes ocupado por el pueblo y ya no queda nada que recuerde a las históricas nacionalidades.